Evitar lo enunciativo, que es lo que se dice pero no se muestra. Ese fue el concepto que el sábado último, de 14 a 17, orientó buena parte del taller de la escritora colombiana Margarita García Robayo, en la tercera cita de Workshops de Letras en Casa Museo Alfaro, de la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro, un encuentro mensual de sábado, de agosto a noviembre, a cargo de renombrados autores.

Quince personas fueron de la partida de Necesito decirlo, en la sede de la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro, Avenida del Libertador 16.208, San Isidro. Todas mujeres, salvo tres, edades que oscilaban entre los 20 y 40 años, tres notebooks, muchos anotadores y biromes, y cinco premisas como motivadores de un texto corto, de una carilla, más o menos: Traicionaste a alguien muy querido, Murió alguien muy cercano, Te dejo repentinamente una pareja que adorabas, Escapaste de un lugar familiar y te sentiste libre, y Fingiste alegría frente a algo que en realidad te produjo otro sentimiento.

“Son puntos de partida que apuntan a la conmoción, entendida como un pequeño sacudón de emociones. Necesito decirlo busca acercarse a un tipo de escritura visceral y honesta, pero no por eso desprovista de márgenes”, comentó la autora de Lo que no aprendí, Hasta que pase el huracán y Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza, entre otros.

A ese desafío se entregaron todos durante casi una hora, como Angie, una joven colombiana que estudia Letras en Buenos Aires, Antonella, una actriz que vivió muchos años en Alemania y ahora, de vuelta al pago, desea reencontrarse con la escritura en español, Pablo, que escribe guiones de cine, y Sandra, una economista que dejó una multinacional para enfundarse en la escritura de ficción.

Antes, algunos consejos de la autora que circularon en papel de mano en mano, como evitar la retórica y pensar las escenas gráficamente, con el orden: descripción más acción; buscar la conmoción dentro de cada uno a partir de la experiencia propia, que deberá ser contada en el texto de un modo singular y ordenado, y recurrir al entorno, que la historia no empiece y se agote en el protagonista o narrador.

“Debemos evitar las generalizaciones, importa la singularidad del sentimiento propio. Luego, si con ese sentimiento se identifica luego el lector, mucho mejor, pero eso no debe ser un fin en sí mismo. También debemos contar en varios planos, con profundidad visual, y no abundar en reflexiones, porque el texto pierde eficacia”, aconsejó en voz alta a los participantes.

Luego de la escritura, intercalada en forma espontánea y alternada con un alto para beber, picar algo rico y conocerse un poco más (incluido en el costo del taller), el turno de las lecturas en voz alta y las devoluciones. “Margarita García Robayo nos escuchó a todos y nos aconsejó con claridad, dulzura y firmeza. Tres horas muy bien aprovechadas con una coordinadora de lujo. Se agradece”, comentó el periodista Mariano Nicolás Donadío.

“Debes conectar al narrador mucho más con las emociones y hacer foco en la acción”, le sugirió a una de las participantes.  “Genial: Comerse los cigarrillos. No hace falta explicar más para que el lector comprenda el estado de ansiedad por el que está pasando el protagonista”, elogió a otra. Sugerencias que se fueron anotando en los cuadernos y pusieron fin a una tarde enriquecedora, la de sumergirse en las experiencias fuertes y personales, y la de soltar las amarras de las emociones para llevarlas al papel.

+ El próximo taller, Abecedario ilustrado: encontrando el lenguaje personal, de la escritora e ilustradora Isol, se realizará el 11 de noviembre, de 14 a 17, en Casa Museo Alfaro, Ituzaingó 557, San Isidro. Costo: $200. Cupos limitados. Inscripciones: workshops@sanisidro.gov.ar