Julián Rovagnati tiene 37 años y es fotógrafo artístico. Vive hace cinco años en el Bajo, está casado con otra artista, Rocío Alejandro, ilustradora infantil. Tienen dos hijos, David (19) y Abril (12). Se mudó al barrio hace cinco años, enfrente a la estación, y desde entonces siempre participó de Puertas del Bajo. Asegura que su fotografía cambia con su humor. Su serie, Soledades, forma parte de la edición 2016. Personas contemplativas, en estado de reflexión, buscando respuestas, colores apagados, blancos y negros, tonalidades de grises.

“Siempre vivimos en San Isidro, pero arriba y cuando llegamos acá lo que primero quisimos averiguar fue qué era eso de Puertas. Para nosotros hablar de este encuentro nos llena de orgullo, porque es un evento que queremos mucho, al que le dedicamos mucho tiempo. Es un privilegio vivir en un barrio donde hay tanta comunidad artística. Eso le da una mística y una impronta muy especial a toda esta zona”

“Puertas es una experiencia gratificante, muchos de nosotros visitamos  museos, participamos en salones donde nos encontramos con gente habituada al arte. Acá hay mucha de esa gente, pero también de la que se topó con el evento o no conoce necesariamente de arte. La mirada de esos visitantes es muy enriquecedora, más fresca y desprejuiciada. Todos terminamos enriquecidos”

“No tenemos la estructura de taller tradicional. Nuestra casa, donde Rocío está dando un taller para los más chicos, está al final de este larguísimo pasillo que durante Puertas se convierte en un sitio muy frecuentado. Es pequeño, angosto y cuando hay mucha visita se alborota un poco, pero esto es Puertas y nos encanta”

“A los artistas que todavía no se animaron a sumarse, que lo hagan. Es una experiencia muy gratificante. A veces no lo hacen por cierto temor, pero la gente tiene un comportamiento ejemplar. En todos estos años abrimos nuestra casa para esta fiesta y nunca tuvimos problemas”

“Agradezco cuando veo a la gente parada delante de una obra buscando detalles, viendo qué les ocurre. Eso quiere decir que alguna fibra tocaste. En la edición del año pasado una señora se quedó un largo rato frente a la foto de una mujer embarazada en contraluz y se puso a llorar. Esas cosas ocurren y nosotros, como artistas, debemos saber respetar esos momentos”