Gustavo Felice, de 54 años, está casado con Andrea Lebrun y tiene una hija, Lara, de 13. Vive en La Horqueta, San Isidro, a los 19 años asumió su primer trabajo como director del Coro de la Municipalidad de Chacabuco, cargo que ocupó durante dos temporadas, y en marzo próximo cumplirá 28 años al frente del Coro de la Catedral de San Isidro. En la noche del martes 20 de diciembre pasado dirigió a esa agrupación y a un quinteto instrumental en el celebrado espectáculo Villancicos de Navidad ante más de 1.500 personas que disfrutaron de un repertorio que fue de la Misa Criolla y Navidad Nuestra a villancicos venezolanos y otros ritmos latinoamericanos y rioplatenses.

“Crecí escuchando la Misa Criolla y Navidad Nuestra. Para mí es algo muy natural escucharla y sentirla en profundidad desde muy temprana edad. Sin embargo, cuando me dediqué a la música profesionalmente tuve que intelectualizar muchas cuestiones para poder conectarme con los cantantes e instrumentistas. La palabra religión está formada por el prefijo re, que significa intensidad, el verbo ligare, que es ligar o amarrar, y el sufijo ion, acción o efecto. Por eso, religión sería algo así como la acción o efecto de ligar fuertemente. Eso es justamente lo que logra la Misa Criolla, que aúna los distintos colores del mapa musical sudamericano. Ritmos que representan la manera particular de vivir la fe en cada uno de estos lugares y nos sirven para apoyar lo que declama el texto de cada movimiento. El Kyrie, señor ten piedad de nosotros, tiene ritmo de baguala, hay un carnavalito en Gloria, el Credo es una chacarera trunca, en el Sanctus hay un carnaval cochabambino y en el Agnus dei un estilo pampeano”.

“Presentar la Misa Criolla en el exterior siempre representa un gran desafío, sobre todo cuando se hace en sitios donde no se habla castellano. Cuando tengo el primer ensayo me encuentro con que el director preparó muy bien al coro y a los instrumentistas y estos tienen puestas el 90 por ciento de las notas y los ritmos matemáticamente en sitio, pero a partir de ahí comienza mi trabajo y, luego de un par de ensayos, al trabajar sobre los acentos, fraseos y diferentes matices, comienza a aparecer claramente el color de nuestro folklore y de nuestra musicalidad en sus voces. Para lograrlo apelo mucho a las  imágenes, para que los cantantes entiendan y sientan profundamente lo que están interpretando. Les hablo de los paisajes donde se desarrolla este tipo de música, de las  danzas tradicionales de cada lugar, de la situación social, del ambiente y la geografía de esos pequeños pueblos. En la Navidad Nuestra, por ejemplo, hay muchas palabras con algo del guaraní o regionalismos. Por eso, es necesario trasladar al cantante a situaciones espaciales y temporales que le han de generar inevitablemente cambios maravillosos en la interpretación”.

“La mayoría de las obras religiosas fueron concebidas para las celebraciones, pero desde hace mucho tiempo también se interpretan estas obras, como la Misa Criolla, en situación de concierto. La evolución del arte musical puesto al servicio de la religión, la fe y la oración ha sido exponencial en los últimos tiempos. Ambas modalidades, ya sea dentro de un oficio religioso o a modo de concierto, se convierten en excelentes vehículos musicales para conectar al hombre con su religiosidad y abrir su espíritu hacia la belleza”.

“De las Navidades en el campo reproduciendo la Misa Criolla en un simple equipo Winco a este presente musical pasaron muchas cosas. Me hice músico profesional, compuse obras sacras, obras sinfónico-corales, arreglos corales, hice musicales característicos de Broadway, óperas, zarzuelas, trabajé con niños y adultos, profesionales y amateurs. Sin embargo, de todos estos años recuerdo algunos momentos especiales, como haber trabajado con dos músicos que admiraba de pequeño, Cacho Tirao (por él empecé a tocar la guitarra) y Domingo Cura, y la grabación con el Coro de la Catedral y Los Fronterizos en la catedral de San Isidro de esa fantástica obra de Ariel Ramírez, a 40 años de su publicación. Vivir desde adentro esos arreglos tan particulares, ese estilo bien de criollo del norte de cantar de Los Fronterizos, fue un aprendizaje tanto desde lo estrictamente técnico como desde las viviencias personales que sólo se producen en ese tipo de trabajos tan intensos y movilizantes”.

“Es importante que la gente pueda unirse a la celebración de la Navidad en un concierto como el organizado por San Isidro. Recordar la historia de la Navidad y del nacimiento a través de la música y las canciones, cantar los ritmos americanos en ese contexto, en el atrio de la catedral, se vuelve una gran alegría. Un recital importante, con una logística y una producción impecable, que nos hizo sentir felices. Fue una noche que nos propuso paz, esperanza y la fuerza necesaria para reiniciar las cosas”.

“El cierre con Candombe del 6 de enero fue una invitación para que el público participara con instrumentos, baile y cante. Y lo hizo, en una clara señal de la alegría que sentimos todos de estar juntos y esperanzados. Me quedan sonando de esa noche un par de frases, como el de una señora que desde las sillas gritó muy fuerte: Muchísimas gracias. Es lo más lindo que le pueden decir a un músico”.