Poner a los artistas de cara con el público, pero en sus propios talleres, con sus técnicas, obras y vivencias. Esa es la esencia de Puertas del Bajo, que en más de 60 espacios por edición reúne a 250 artistas dispuestos a mostrar su lado más oculto: la cocina (y el corazón) de sus procesos creativos.

Un festival que interactúa con la música en vivo y la gastronomía, partners ideales y necesarios de esta propuesta de dos fines de semana, durante la primavera, que convoca a más de 35.000 personas, ávidos de rodar de taller en taller, encontrarse cara a cara con los productores y conocer algo más de sus secretos artísticos y experiencias de vida.

Ateliers, galerías, bares, restaurantes, centros culturales y otros espacios son los protagonistas de Puertas que nació donde tenía que nacer: en el Bajo de San Isidro, un barrio claramente marcado por la bohemia creativa, habitado por una infinidad de artistas que retroalimentan sus dones en un entorno verde que contribuye y transmite la parsimonia del río y su paisaje.

Talleres iluminados por luces de todos los colores y callecitas con mesas en las veredas forman parte de la escenografía de una recorrida que se disfruta mucho más de a pie, en bicicleta o en el trencito gratuito que el municipio hace circular con guías especializadas y paradas estratégicas. Exposiciones, venta de obra sin intermediarios, clases, charlas temáticas grupales y diálogos espontáneos con buenos anfitriones forman parte de este festival que, vale reafirmarlo, ya es un clásico.