Una noche mágica. Así fue la que se vivió en el ciclo gratuito Platea Abierta en San Isidro. Obras + Escuela de Espectadores, organizado por la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro, con El centésimo mono. Una comedia patética entre la magia y la muerte, escrita y dirigida por Osqui Guzmán, que anoche colmó el Centro Cultural San Isidro (CCSI), en la Av. del Libertador 16.138, San Isidro, seguida de una enriquecedora charla post función con el elenco.

“El ciclo sigue a sala llena con un público entusiasta y ávido por acercarse a lo mejor del teatro independiente del país encabezado por una camada de dramaturgos, actores y directores jóvenes y muy talentosos. Nos interesa contar con un público cada vez más entrenado y habituado al quehacer teatral y estamos convencidos de que esta propuesta, con su habitual charla post función con los elencos, es una excelente herramienta para lograrlo”, expresó anoche en la sala Eleonora Jaureguiberry, subsecretaria general de Cultura de San Isidro.

Sin una línea argumental lineal, la obra con la que Guzmán debutó como dramaturgo, en 2011, se disparada de entrada con una noticia devastadora para tres magos a punto de enfrentar una riesgosa intervención quirúrgica: Si no se opera, usted tiene riesgo de morirse, en cambio si se opera el único riesgo es no salir vivo de la operación.

De allí en más, Marcelo Goobar, Pablo Kusnetzoff y Emanuel Zaldua, que además de actores son magos en la vida real, transitan por un relato que fluctúa hábilmente entre la comedia y el drama. Las urgencias, un show que se pospone una y otra vez, Elena, como la mujer que espera, y los trucos de magia que indivisibles del relato dramático, en un mundo de ensueños y onírico, donde todo es posible y con un final inesperado, despojado y, a la vez, esperanzador.

“Investigamos mucho sobre la muerte. Uno de los pilares fue el texto de una psiquiátrica suizo-estadounidense [Elisabeth Kübler-Ross] que habla de cinco estadios en el proceso del agonizante: negación, depresión, negociación, ira y aceptación. La obra transita de algún modo cada una de estas situaciones”, explicó Zaldua sentado en el escenario, junto a sus compañeros y terminada la obra, con marcados tintes de parodia y envuelta en un mundo de ilusiones, propios de la magia, pero también del teatro.

La soledad del mago a la espera del show que nunca llega y con el que cree que podrá cambiar el mundo haciendo desaparecer una moneda, la amistad en la vida real que los une desde los 15 años y este sueño del que no quieren despertar, devenido en El centésimo mono, que acercaron a Guzmán (ausente anoche al encontrarse interpretando La tempestad) sin una idea precisa de qué buscaban y sigue en cartel en el teatro porteño La Carpintería, en su octava temporada, formaron parte del enriquecedor diálogo abierto moderado por Aliana Álvarez Pacheco.

“Muchos dicen que no es conveniente cruzar ilusionismo y teatro, porque en la primea disciplina la mente del espectador mira hacia atrás, pensando en cómo se hizo el truco, y en el teatro mira hacia adelante pensando en qué va a pasar con determinado personaje. En teoría, dos fuerzas opuestas que en nuestro caso funcionaron muy bien”, dijo Kusnetzoff.

Las casi 400 funciones y las diecinueve provincias argentinas recorridas, descubrir en el hacer que los trucos también atraviesan en la conciencia del espectador esos cinco estadios, y la teoría seudocientífica del Centésimo, que pretende confirmar que cuando cien personas o más aprenden un nuevo comportamiento esa conducta se traslada mágicamente al resto de la especie, también alimentaron el ida y vuelta entre el público y los actores, que terminó con Goobar invitando a todos a unir sus manos, mover determinados dedos, respirar hondo y… largar la carcajada de sorpresa por ese último truco, fuera de texto, que se llevó el último aplauso de la noche.

El ciclo continuará en junio con doble función. El 23, a las 17, la directora y curadora Vivi Tellas ofrecerá una charla abierta en el Teatro del Viejo Concejo, 9 de Julio 512, San Isidro, y el 24, a las 19.30, se levantará el telón del CCSI con La Pilarcita, de María Marull, que ganó y mereció importantes premios, y desde 2015 agota entradas en todas sus funciones.

Las localidades, hasta cuatro por persona, deben retirarse en el teatro respectivo entre el miércoles y el viernes previo a la función, de 12 a 18, o, el día del evento, una hora antes del inicio. Con ellas mismas, la promoción de 2×1 en localidades para Espacio Callejón, El Camarín de las Musas (sala Camarín Música) y El Extranjero Teatro.

+ Información del ciclo en cultura.sanisidro.gob.ar