El ciclo se realiza en Libertador 16.138, San Isidro, a las 19.30, y ofrece una charla con el elenco. Entrada gratis

Anoche, tras el receso de julio, regresó el ciclo gratuito Platea Abierta en San Isidro con Yo, Encarnación Ezcurra, que tuvo a Lorena Vega sobre el escenario del Centro Cultural San Isidro (Avenida del Libertador 16.138) y en el rol de una de las mujeres argentinas más influyentes del siglo XIX, pero desde las sombras. Un texto riquísimo y con perspectiva de género de la escritora Cristina Escofet y música de raíces folklóricas en vivo para una obra que sirvió para reflexionar sobre la patria y el rol de la mujer.

“Este ciclo, nacido en 2017, se ha convertido en un gran formador de públicos a partir de jóvenes autores y directores con nuevas miradas, fuerte presencia en el circuito off porteño y premios en festivales nacionales e internacionales. Desde las hermanas Paula y María Marull, Nelson Valente, Mariana Chaud, Osqui Guzmán, la propia Vega, que ya nos había conmovido con Imprenteros, y el siempre vigente Mauricio Kartun, entre muchos otros”, expresó Eleonora Jaureguiberry, subsecretaria general de Cultura de San Isidro, bajo cuya órbita se encuentra el ciclo.

Así, entre guitarras, bombos, vidalas, refalosas y candombes que acompañan, crean climas y dialogan con el texto, Vega construye una recreación poética de la esposa de Juan Manuel de Rosas. Aguerrida, valiente, solitaria, intensa, artífice en las sombras de la Revolución de los Restauradores cuando el terreno de la política era privativo de los hombres. Y también en duda y al borde de la muerte, recluida en sus habitaciones y obsesionada por el pasado.

Un relato construido desde las cartas que ella le enviaba a Rosas en tiempos de la Campaña del Desierto. Tiempos virulentos y de una mujer que no se andaba con permisos. El poder o es prepotente o es cacareada de político aguachento. Una serpiente en la corte de  los conspiradores. Siempre fui de pocas palabras, fui más de leerle el silencio a las palabras. Mi cuerpo me abandona, pero mi alma todavía se crespa al recordar la derrota de Quiroga en La Tablada. La Negra Toribia se está yendo y siento que conmigo me llevo la sangre de esta Patria, quiero decir, la sangre de los que paren fuerte.

La Negra Toribia, como lo decían sus detractores, se arroja sobre las cartas, se mira al espejo, despliega su poncho rojo, baila descalza. Fuerte al inicio y vulnerable al final, cuando la muerte la encierra a los 43 años. Habla de ella, de lealtades y traiciones, describe magistralmente el desierto, las clases sociales. Habla de un país lejano y, de algún modo, aún pendiente.

“Encarnación fue una figura denostada y acallada por la historia. Dejó una producción epistolar interesante y ninguneada, que se conserva en el Museo Histórico Nacional, de las cuales muchas hoy [por ayer] se leyeron. Inteligente, brava, contradictoria y compleja, como nuestra historia. Somos una Nación que se reedita todo el tiempo, que siempre necesita repensarse”, dijo el director general de la obra Andrés Bazzalo en la charla del elenco post función con el público, que es parte del ciclo curado por Silvia Gómez Giusto y fue moderada por Aliana Álvarez Pacheco.

“La obra está tan bien escrita que con el sólo decir podía funcionar. Es un material muy literario y muy rico. Cada momento, cada escena, debía tener mucho trabajo expresivo. No quería descansar en la textualidad. Busqué la partitura que me hiciera navegar la obra y la música me ayudó en ese sentido, con ella armé los escenarios, pude verlos”, aseguró Vega, junto a los músicos Agustín Flores Muñoz, Martín Miconi y Malena Zuelgaray.

La Negra Toribia, la Restauradora, la que inventó la mazorca, pero no inventó ni el crimen ni la muerte a mansalva, la que olió a bosta en el gobierno de los justos. Yo, Encarnación Ezcurra, la que quiere todo, la leal, la no devota, la santera, la que se quiere ir de esta tierra encangrenada. Yo, Encarnación Ezcurra, la que renuncia a tanta traición, a tanto polvo a tanto espanto…

San Isidro, 5 de agosto de 2019