Ciclo Platea Abierta en San Isidro, de la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro. Gratis

Anoche, por primera vez, Platea Abierta en San Isidro, de la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro, subió un biodrama al escenario del Centro Cultural San Isidro. Se trató de Imprenteros, que llenó la sala de la Avenida del Libertador 16.138, San Isidro, con una propuesta fuera de lo convencional que incluyó hasta una picada de salamines en el hall del teatro, antes de la tradicional charla post función con el elenco.

Una obra con Lorena Vega, su directora y autora, relatando sobre el escenario y micrófono en mano la historia de la imprenta familiar que su padre Alfredo regenteaba en los 90, en Lomas del Mirador. Un taller (mucho más que eso) que desde la muerte de Alfredo, hace cuatro años, fue infranqueable para ella y sus hermanos, Sergio y Federico, hijos de un primer matrimonio ¿Por qué?, porque los otros tres, los hijos de la segunda pareja de su papá, le cambiaron la cerradura.

“Este ciclo es un lujo para todos ya que convoca a reflexionar, reír, conmovernos y pensarnos a partir de obras de neto corte contemporáneo que reflejan lo mejor del teatro independiente de la Ciudad de Buenos Aires, pero en San Isidro, cerca de casa, y con entrada gratuita”, expresó Eleonora Jaureguiberry, subsecretaria general de Cultura de San Isidro.

Teatro documental que, en este caso, sirve para sanar heridas abiertas en el pasado. Así, Vega habla de su papá como un artista de la gráfica que puteaba seguido, de izquierda, hincha de Independiente, de los Beatles y de Los Piojos, admirador de Julio Sosa y jugador de billar. También habla del taller, que iba desde la vereda hasta el pulmón de manzana, con un jardín en el medio con jazmines y un árbol de higos y otro de quinotos. “Mi abuela hacia mermeladas con esos frutos. Atrás estaba la casa de la infancia de mi papá, en un terreno que mi abuelo, también gráfico, había comprado con plata que ganó en el hipódromo”.

Fotos de su infancia y adolescencia ponen en clima y acompañan el relato. Pero Vega, con recordadas actuaciones como actriz en Yo, Encarnación Ezcurra y Salomé de chacra, también dirige, apunta letras y da indicaciones a Juan Pablo Garaventa, Julieta Brito, Lucas Crespi, Vanesa Maja y Mariano Sayavedra, en los roles de los miembros y allegados de la familia. Todo a la vista de todos. Y­ entrevista a sus hermanos. A Sergio, que heredó el oficio, sobre el escenario, y a Federico, contador, en un video. ¿Qué harías con las cenizas de papá que quedaron en la imprenta? ¿Lo extrañas?

Así, el dolor y la risa por esos recuerdos llegan tamizados por anécdotas hilarantes, como la de Alfredo que imprime etiquetas de salamines pero se niega a imprimir las invitaciones de la fiesta de 15 de ella. Y en pantalla, el video de ese cumpleaños, que la directora relata siguiendo los movimientos de su madre modista, entre valses y cortes de torta.

Sergio, a pedido de su hermana, habla a público de máquinas, tintas y el sistema offset, reconoce texturas en las tarjetas que el público le acerca y reproduce los movimientos que hace en el taller. Los sonidos aparecen, el de rodillos y guillotinas, y luego se hacen música. Hay baile en escena.

“Nos convoca a todos por algún lado. Mi viejo es mecánico de autos y me retrotrajo a las charlas y los ruidos del taller. Emocionante”, dijo Juan Gaitán (37), de Martínez, mientras recorría las fotos del taller que Vega había invitado al público a colgar de las paredes de la sala. Una invitación que incluyó una picada de salamines en el hall de entrada.

Ya en la charla, Vega dijo que su premisa fue ser clara y honesta al contar su historia, y que intentó (con éxito) no caer en golpes bajos ni estar emocionada. También aseguró que cuando hace la función tiene la firme sensación de estar otra vez pisando la imprenta. Una obra que logra empatía, que habla de las relaciones interfamiliares, de las crisis de las pymes y de oficios amenazados, y del deseo intenso de recuperar lo propio, porque es justo y corresponde, más allá de las máquinas y las paredes.

 

+ La próxima cita será el domingo 2 de junio, a las 19.30, con Pundonor, de Andrea Garrote. Las localidades pueden retirarse desde el miércoles 29 de mayo, de lunes a sábado, de 12 a 18, y el día de la función, a partir de las 18.30.

 

San Isidro, 6 de mayo de 2019