El Museo se juega convocó a los chicos a aprender jugando en la casona de Rivera Indarte 48

Ayer por la tarde se jugó de lo lindo en el Museo Pueyrredón, cuando cerca de 40 chicos se arrimaron a la casona de Rivera Indarte 48, Acassuso, para ser protagonistas del siglo XIX en el ciclo El Museo se juega, que los primeros sábados de cada mes, a las 14.30, espera a los niños de entre 5 y 12 años con distintas propuestas gratuitas relacionadas con el guión, la colección y los ejes temáticos del museo. Y en mayo, se jugó a mayo, con Don Juan Martín de Pueyrredón, el dueño de casa, claro, recibiendo de chaqueta militar y botas a los chicos que enseguida se adueñaron del museo, curiosos y entusiastas.

“Aprender de un modo entretenido, didáctico y, sobre todo, siendo parte del juego. Es la consigna de las actividades pensadas para el público infantil, siempre desde el hacer y como experiencia placentera que les facilite acercarse al patrimonio de este museo histórico que cobra vida a partir de la acción de cada uno de los chicos participantes”, dijo Eleonora Jaureguiberry, subsecretaria general de Cultura del municipio.

Como paso previo a sumergirse en las costumbres del siglo XIX, en una salita los chicos tenían a disposición chaquetas, galeras, polleras, vestidos largos, abanicos, pañuelos y accesorios varios para sumarse a la propuesta y sumergirse de lleno en un mayo que no fue uno más en nuestra historia. ¿Los peinados?, sí, en especial los de ellas, que salían del cuartito maquilladas y con rodetes propios de la época.

“Es genial, una forma muy didáctica para que los chicos aprendan nuestra historia. No será el más apropiado, pero fue el primero que encontré en casa”, comentó sonriente Gabriel Aperte, junto a Lucero (5), su hija, que orgullosa lucía en el vestido de Frozen la escarapela que acababa de armar en una salita donde damas y no pocos caballeros bordaban ese símbolo patrio entre lanas de todos los colores, junto a dos retratos antiguos y un brasero apagado que daban un clima especial a la escena.

“No dobla bien, pero está buenísimo, muy divertido”, aseguró Luján (11), que cerca de las antiguas caballerizas empujaba uno de los tantos caballos armados con estructuras metálicas, rueditas y escobillones devenidos en crestas, mientras una amiga se aferraba fuerte de las riendas.

En otra sala, Juan Martín de Pueyrredón esperaba en un escritorio con plumas y tinteros. Momento de escribir algo, lo que surja, y lacrar el sobre a la vieja usanza. Toda una experiencia en tiempos en los que la tecnología manda. “Me encanta esto de que los chicos aprendan en el hacer, recorran la casa, conozcan nuestras costumbres y tradiciones, y dejen la tablet un poco de lado”, dijo Mercedes Aldecoa, de San Isidro, junto a sus hijos Francisco y Julia.

El baile no podía faltar, de la zamba La siete de Abril al gato El sol del 25, a cargo de una pareja de bailarines profesionales con indumentaria gauchesca y con los chicos siguiéndoles los pasos entre palmas de adultos y en el Patio de los Naranjos con su aljibe central.

“Es la posibilidad de hacer algo realmente distinto. Pero no vinimos a acompañar, sino a jugar con ellos. Sí, vamos luqueadas, nos dijimos con mi cuñada antes de salir”, expresó Leticia Ferreyra, que andaba con vestido hasta el piso, y el pelo en rodete y adornado a tono con la época, mientras Lucía, su hija de seis años espiaba sin animársele al baile.

Para cerrar la actividad, diseñada por el Área Educativa del museo, Don Juan Martín leyó a viva voz la Proclama de Mayo desde lo alto de uno de los balcones. “Pueblo aquí reunido en este memorable día, os pregunto ¿Queréis ser libres?”. La respuesta de chicos y grandes no se hizo esperar, y el , seguido de tres ¡Viva la Patria!, retumbó fuerte y decidido en el patio.

San Isidro, 5 de mayo de 2019