La feria comenzó el jueves y cerró anoche, en el Centro Municipal de Exposiciones, Del Barco Centenera y el río

La comunión entre cocineros y público volvió a darse una vez más, al aire libre, en un ambiente distendido y con un único objetivo, pasarla más que bien. Se fue la VII edición de Bocas Abiertas, que dejó los mejores sabores en el paladar y en el ánimo de las más de 30.000 personas que desde el jueves y hasta anoche recorrieron (y se afincaron) en el predio costero del Centro Municipal de Exposiciones, entre ollas y parrillas calientes, y bajo el lema de este año, La amabilidad, que se cumplió con creces y sin imposiciones.

Una feria de la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro y la asociación civil Gastronómicos del Bajo que ofreció un centenar de platos que sintetizan la cocina de los chefs de este barrio, un pujante polo gastronómico, y de muchos otros que llegan con sus recetas y se suman con ganas.

“Este festival ya es una marca, un producto esencialmente cultural, fruto del trabajo conjunto con los gastronómicos del Bajo, que fomenta trabajo y da, como tantos otros de nuestros festivales anuales, significado a este lugar mágico que es de todos los sanisidrenses”, dijo anoche el intendente de San Isidro, Gustavo Posse, quien aseguró la continuidad del festival en 2020 y en el mismo predio costero.

Un fin de semana a pleno sol, a diferencia de las dos primeras jornadas, con velas de kite al fondo, gente que disfrutó desde el mediodía y mucho para probar de una carta variada (no más de $190 por plato), de unos treinta expositores seleccionados, entre restó, chefs, caterings, food trucks, pastelerías y heladerías, sumado a diez puntos de venta de bebidas.

“Es la feria gastronómica más linda, amable y disfrutable del país, y cuando de lo único que se habla es de la brecha, en San Isidro elegimos el compromiso y el ponernos de acuerdo. Somos servidores públicos y cuando vemos que nuestra gente crece y nuestros vecinos disfrutan nos invade la alegría del deber cumplido”, comentó Eleonora Jaureguiberry, subsecretaria general de Cultura de San Isidro.

Chefs en sus puestos cocinando, y también charlando y posando para las fotos de sus fans, un público que se sintió en su casa, probó todo y fue de un escenario al otro, donde hubo más de 30 bandas y DJ, y se realizaron cerca de 15 clases comandadas por Christophe Krywonis, Pamela Villar, Daniela Butvilofsky y Felicitas Pizarro, entre muchos otros de una lista larguísima.

“Bocas es familia”, definió Martín Lukesch, presente desde la primera edición, al concluir su clase a seis manos con Agustín Brañas y Juan Madero. Un pescado al camado con guarnición de liláceas, bien de temporada, aprovechadas desde las raíces hasta las flores. “Sacándome muchas fotos y dando muchos besos”, dijo con una sonrisa Maru Botana en su cuarto Bocas, una cita para ella esperada e ineludible.

Las tortas, el Aperol y los helados se hicieron fuertes cerca de las 17, pero, se sabe, Bocas no tiene horarios. Las bandejas iban y venían con carnes o postres por igual y en cualquier momento. Una feria con un sector bajo telas para charlas de bienestar personal y alimentación saludable, parking de bicicletas afuera y otro adentro para cochecitos de bebés en el área pensada para los más chicos, donde hubo juegos, menú especial para ellos y hasta lugares para amamantar y cambiar pañales. Detalles que hablan de un festival que alimenta el arte del saber recibir, y también el del reciclado y de la solidaridad, ya que parte de lo recaudado se utiliza para ayudar a entidades sociales del barrio.

“Bocas nos subió la vara, hay muchos chefs jóvenes muy talentosos, los menús son mejores cada año y el despacho de 10, 12 horas al palo también es un gran entrenamiento para todos. Además -sostuvo el chef Diego García Tedesco, de Gastronómicos del Bajo y uno de los organizadores junto a su colega Ignacio Echeveste Artega-, notamos un enorme grado de felicidad en la gente, lo cual también nos llena de alegría”.

Además, Mesa Chica, el resto más intimo y bajo la batuta de destacados chefs, no dejó tenedor libre y el mercado de productores casi que no tuvo pausa. Cálido, bien presentado y con lo natural como bandera, desde champignones y quesos hasta yerba y semillas de todos los sabores.

¿Los premios?, la tradicional Chimi Cup, al mejor chimichurri, fue para Gabriel Cardone, la Alfajor Contest para Milagros Guerrero y los Premios Bocas para la panadería La Argentina (local emblemático del distrito), el área de Tránsito municipal por su labor durante el festival, Art Catering por la mejor puesta en escena de stand (con voto de todos los expositores) y, por último, al Restaurante Austria (recibió Johnnie Giebert) y al food truck El Rodazo (Felipe Sosa) por ser los únicos puestos con asistencia perfecta en las siete ediciones.

El cierre, pasada las 23, fue un mimo para los trabajadores de la feria. Un guiso libre que se fue haciendo lento al calor del quebracho. Dos jamones de jabalí, unos 14 kilos, traídos especialmente por Giebert de su pueblo, La Paz, Entre Ríos. A eso se le sumaron 20 kilos de arroz, 10 kilos de salchichas parrilleras y chorizos, verduras varias y una porción, aún mayor, de algo que sobra en Bocas Abiertas, dedicación y amor por el que espera.

Solidaridad: Desde la primera edición y todo el año, Bocas Abiertas colabora con distintas instituciones sociales, sobre todo de San Isidro. Este año se donaron a Banco de Alimentos siete pallets (seguramente más de una tonelada) con todas las bebidas sin alcohol, sobre todo agua mineral con y sin gas, que no se vendieron. Además, se donaron a la asociación civil María del Rosario de San Nicolás cien remeras nuevas que el staff de barras no utilizó por mal tiempo en dos de las jornadas.
Cabe recordar que Bocas Abiertas también colabora con el food truck de la fundación Audela, Gallito Ciego, que es atendido por personas no videntes, lleva adelante el programa de capacitación Chef Mentor, junto con la Fundación Inicia, y en noviembre, con algunos de los chefs que participaron en la feria, cocinará a unos 150 alumnos de la Escuela N° 26, del Bajo de San Isidro, como una forma de llevar Bocas Abiertas a la escuela.

San Isidro, 7 de octubre de 2019