En Primera Persona: la subsecretaria general de Cultura de San Isidro

A poco del cierre de 2018, Eleonora Jaureguiberry, subsecretaria general de Cultura de San Isidro, nos habla en esta entrevista de la satisfacción que le deja haber profundizado este año las políticas públicas culturales en el territorio, de haber anclado con fuerza en los barrios con programas cero kilómetro que ya ruedan con ganas, del público de siempre y de las nuevas audiencias que se acercaron al ruedo, y de los festivales icónicos, verdaderos pesos pesados de una agenda que se renueve y no tiene pausa.

“Este año profundizamos la marca que nos distingue como gestión: la de utilizar el arte como herramienta para construir lazos profundos y verdaderos. Un 2018 en el que hemos ido a muchos más lugares y en el que hemos trabajado muy a fondo en todas las comunidades a partir de un engranaje en el que el trabajo del artista se presenta como una gran oportunidad para que ciertas convivencias ocurran en nuestras ciudades. Por eso –dice Jaureguiberry-, mi reconocimiento a ellos, nuestros cómplices en esta aventura, porque lo que les planteamos nunca es fácil ni obvio. Una forma de trabajo que los artistas agradecen porque el experimento y el desafío están en su esencia, y porque a su juego los llamamos”.

Encuentro territorial, intenso y prolongado en el tiempo, como Alboroto, en el Bajo Boulogne, y Fiesta Y, en La Horqueta. Dos propuestas 2018 que irrumpieron con fuerza en estos barrios. “Ambos proyectos tienen un formato muy parecido desde el armado y el mismo amor, empeño y trabajo, pero los contenidos son muy diferentes, de acuerdo con la identidad de cada barrio. El patrón es la participación de los vecinos y las instituciones, de los artistas y de los profesores de las Casas de Cultura, de las escuelas, de las delegaciones municipales y de los emprendedores locales. Todos brillaron inmensamente en estas fiestas que generaron nuevos lazos y una alegría profunda derivada de las cosas verdaderas y genuinas. Generar espacios de felicidad, de eso se trata”, asegura la funcionaria.

Contenidos diseñados y producidos para encontrarse, brillar, pensar y crecer en comunidad. Eso también emergió con el programa De la cabeza a los pies, estrenado este año y muy exitoso, con sus talleres de danza y juego, y de tableros de ajedrez desplegados en los barrios La Cava, El Sauce y Martín y Omar. Y volvió a verse en Abuelos de Cuento, que une generaciones, de una punta a la otra, con la literatura infantil y el mágico relato de los mayores. “Nuestra meta siempre es generar cercanía con nuestros vecinos, invitarlos a ser parte y, en ese andar juntos, empezar a comprender mejor a nuestras propias comunidades”, sostiene.

Así, aparecen nuevas sinergias, conversaciones que fluyen en otros tonos, miradas que se afinan y espíritus que se ensanchan. “Educar en el arte es facilitar los caminos para que la gente deje de mirar en blanco y negro y empiece a ver a todo color. Es empezar a detenerse en el detalle, es darle lugar a la sofisticación, es escuchar más finito. Nosotros trabajamos en afinar esa mirada, que es una mirada sobre el mundo, no sobre el producto artístico”.

Conversaciones prolongadas, que perduran en el tiempo, cimentadas en los barrios. “Nuestras fiestas barriales suelen ser de muchas horas, porque están diseñadas para que participen niños y adultos. Extensas y de contenido amplio y participativo, como ocurrió este año en el Bajo Boulogne y La Horqueta, y como ocurre desde hace mucho tiempo en Beccar, Martínez y en San Isidro Labrador. Nosotros no hacemos espectáculo, que es mucho más sencillo. Toca una banda, bien pagada, y listo. Preferimos apostar al camino más trabajoso que necesita de mucho más que la hora y media de recital del grupo del momento, el de la construcción social”.

-¿Cuáles fueron los eventos que más sobresalieron este año?

-¡Hubo muchos!… Los museos, por ejemplo, brillaron en gran forma. El Beccar Varela inauguró salas con un diseño museográfico y museológico a la altura de la casa y de la historia que cuenta, y el Museo Pueyrredón llevó adelante la muestra Viajeros en el tiempo, muy difícil de superar, que nos remitió a un mundo que desapareció, pero que sigue siendo muy relevante para nosotros porque ahí está la raíz de lo que somos. Disfrutamos y transitamos los tiempos de los cronistas del siglo XVIII que vinieron del mundo entero para contar América y cómo era este país antes de serlo a partir de la fantástica serie de acuarelas anónimas de un viajero o viajera virreinal, los paisajes de Prilidiano, las obras de Gil de Castro y el álbum de Adolfo Methfessel, verdaderas joyas de la historia visual de la Argentina y América. Y desde allí llegamos hasta el legado de Ignacio Ezcurra, ese gran periodista de La Nación, paradigmático para nuestro periodismo, que nació y vivió en San Isidro, y fue asesinado siendo muy joven en su rol de corresponsal durante la Guerra de Vietnam.

Por otro lado, la funcionaria destaca lo hecho en el Museo del Juguete, que este año dio el batacazo al ganar en Brasil el premio internacional Ibermuseo por El museo va al recreo. “Fue una de las iniciativas 2018 más importantes del país en materia de innovación en programas educativos lanzadas por museos y una prueba cabal del impacto que un museo pequeñito puede tener en su comunidad. Miles y miles de alumnos de Boulogne participaron en sus propias escuelas de un programa que los invitó no sólo a pintar los juegos tradicionales en sus patios, sino también a inventarlos con sus respectivos reglamentos. Con esta iniciativa y con todas las que el museo realiza dentro y fuera de sus paredes estamos poniendo en práctica la defensa de la felicidad y del derecho a jugar”.

-¿Esta modalidad de salir al encuentro de los chicos es la mejor garantía para que los niños vayan al museo?

-Este tipo de iniciativas son grandes formadoras de nuevos públicos. Esos chicos, sin ninguna duda, visitaron o visitarán el museo. Ya conocen a la gente que trabaja en él y entenderán mejor que nadie la dinámica del museo, porque la han vivido en sus propias escuelas y porque fueron protagonistas.

-¿De qué hablan los museos de San Isidro?

-Hablan de las historias que los conciernen desde su colección permanente. Sin embargo, al mismo tiempo, deben generar actividades y muestras que completen, mejoren y hagan más comprensible su patrimonio… El Pueyrredón, por ejemplo, ha logrado un gran prestigio entre sus pares del país por el trabajo profesional de equipos curatoriales, de diseño y de educación sostenido en el tiempo, y Viajeros fue un claro emergente de esa construcción.

Una iniciativa en colaboración con el diario La Nación que fue posible por museos y coleccionistas privados que cedieron obra, por la familia Ezcurra que hizo lo propio con el material de Ignacio, y por el Grupo La Segunda que aseguró las obras. Alianzas estratégicas con instituciones públicas y privadas que a lo largo del año también se dan con los directores artísticos de los festivales municipales, con emprendedores, artistas, diseñadores, cocineros y siguen…

“Tenemos recursos limitados y un equipo de trabajo reducido. Esto nos llevó a hacer de la necesidad una virtud. Así crecimos, aliándonos con otros, ésa es la marca de nuestra gestión. Una tarea compleja y agotadora, pero siempre el producto final es mucho mejor que si lo hiciéramos solos. Alianzas con el BBVA Francés que apoya el festival de jazz, que reúne audiencias sofisticadas y noveles que disfrutan por igual, con La Segunda que nos acompaña en el ciclo de música clásica, con el Centro Cultural Konex con el que hacemos en el verano Parador Konex. Con cada uno pensamos y trabajamos los intereses comunes, a qué público queremos llegar y qué clase de contenidos y vínculos queremos construir.

Los concursos también son un claro exponente de esta forma de gestionar. El Manuel Mujica Láinez en alianza con la familia de Manucho, que vivió en la Quinta Beccar Varela, y el Kenneth Kemble, el único del país dirigido a proyectos en artes visuales, en alianza con Julieta Kemble, hija de ese gran artista que vivió y trabajó en San Isidro. “San Isidro te escucha es un premio anclado en la Dirección de Juventud y en asociación con Vórterix y Gustavo Amman, productor de MTS. Una iniciativa que llegó para ocupar un espacio central para las bandas emergentes del municipio –dice la funcionaria-, que le garantiza a la ganadora grabar su primer disco y video clip, ingresar en el streaming de Vórterix y codearse con grupos de renombre en nuestros eventos. Basta ver el crecimiento de Triciclo, ganadora de la primera edición, en 2017, con disco bajo el brazo, shows en el Estadio Único de La Plata y China, y finalista del concurso Abbey Road”.

El artista trabaja con herramientas que como público debemos conocer, es importante saber de qué modo operan sus productos en nuestro espíritu, en nuestra humanidad. Por eso, Platea Abierta, un ciclo de teatro a sala llena y conversaciones post función con actores, directores y dramaturgos. Por eso, el festival de música clásica con conciertos presentados por especialistas, Bocas Abiertas con sus clases magistrales y los ya tradicionales Puertas (Adentro y del Bajo) con artistas que abren sus talleres y ocupan las veredas para compartir su hacer. O la Feria Leer, la estrella 2018, donde cada asistente pudo preguntar a quien quiera lo que quiera, donde los editores se comprometieron a estar al frente de su stand para contar su hacer y donde hubo conversaciones muy relevantes entre escritores, editores y lectores en contenidos que también incluyeron al público infantil. Es una forma de aprender casi sin que nos demos cuenta”.

Una feria que en 2019, según adelanta la funcionaria, tendrá como invitados especiales al chileno Alberto Fuguet y a los nuestros Samanta Schweblin, que llegará desde Berlín, y a Rodrigo Fresán que lo hará desde España, además de muchos otros escritores de primer nivel, y a Julieta Venegas, que volverá a la feria con sus canciones.  “El tema central rondará la migración. Vivir en el país, en el exterior, ser un escritor extranjero en la Argentina, el ir y el volver. Una vez más exploraremos la idea del viajero y de los viajes en la literatura y en la vida”, cuenta Jaureguiberry, que destaca la alianza en este evento con Fernando Pérez Morales, “librero por antonomasia de San Isidro y editor del sello Notanpuan”.

Formar públicos, sentados en la platea o arremangados con manos a la obra. Y también formar artistas, como los de la Orquesta Sinfónica Juvenil y la Orquesta Escuela, que días atrás participaron junto a cuatro coros del Concierto Villancicos de Navidad. “Son orquestas que sostenemos con mucho esfuerzo, de gente joven y talentosa que esa noche interpretó maravillosamente bien la Novena Sinfonía de Beethoven, una obra compleja y extensa. He visto a los padres de muchos de esos músicos llorar de emoción por el logro de sus hijos. Todo en un formato amigable, al aire libre y en el atrio de la Catedral, que nos permitió desacralizar esa sinfonía y cerrar la noche con más de 2000 personas cantando villancicos a la par de los coros”.

En los museos, en los talleres y en las veredas, y en las plazas devenidas en escenarios y foros. “El paisaje y el patrimonio arquitectónico son parte central del discurso de nuestro contenido cultural. La ciudad y su geografía no es un hecho casual, siempre está presente en todo lo que pensamos y hacemos”.

Hacer, ponerse en movimiento. Concepto constitutivo en Central de Procesos, donde el público cuelga su traje de visita y se pone el overol para sumergirse en los senderos creativos y poéticos de los artistas. Un método que Jaureguiberry defiende a capa y espada. “No existe mejor modalidad de educar en el arte que esa”, sostiene. Y sigue.  “A fin de año, cuando muchas escuelas tenían dificultades para llegar hasta acá, Central armó un kit y fue al encuentro. ¿Qué ocurrió?, los fines de semana muchos de esos chicos visitados en sus escuelas llegaron a Central acompañados de sus padres”.

Acompañar, de a dos, de a tres o de a muchos, ser caja de resonancia de lo que ocurre en la superficie y de lo que subyace en el bajo relieve. Y ser anfitriones, ofrecer espacios, como las siete Casas de Cultura, que son mucho más que paredes unidas. Son ámbitos de enseñanza, de intercambio de experiencias, de lazos y de cursos que convocan a miles de personas, algunos de formación artística pensados para niños y adultos, y otros enfocados en abrir caminos a la salida laboral.

“Los cursos son muy bien recibidos por la comunidad, pero este dimos una vuelta de tuerca, renovamos los liderazgos en las Casas de Beccar y Boulogne, por las que nos interesaba comenzar este proceso de transformación, y diseñamos iniciativas con y para los artistas y vecinos. Hoy el barrio habita esos espacios que se llenaron de vida con muestras de todo tipo y actividades de alto impacto para la comunidad. Hoy esas Casas son como una gran trama que se va tejiendo y tejiendo, y en la que con muchísima alegría vemos como los puntos están cada vez más cerca unos de los otros.

-Los fracasos forman parte de toda gestión, ¿cómo los enfrentás?

-El que tiene miedo a fracasar no puede hacer este trabajo. Todo el tiempo estamos con mi equipo imaginando nuevas propuestas y también todo el tiempo estamos escuchando proyectos de otros, y los ayudamos a pensarlos y evaluarlos. Sin embargo, nunca se sabe qué es lo que va a funcionar. Hay proyectos que empiezan muy despacito, llenos de dudas, y son grandes éxitos en forma inmediata. De todos modos, imaginarse que algo puede fallar no es excusa para no intentarlo.

-Cada uno de los proyectos nuevos los discuto en profundidad con el intendente Gustavo Posse, quien tiene la sana costumbre de decirme: Hagámoslo y si sale mal simplemente no lo hacemos más. Es una manera muy generosa de su parte de quitar presión a la idea del fracaso y de animarnos a diseñar proyectos originales. Y si nos va mal, vamos con el mismo entusiasmo hacia un nuevo fracaso, el territorio en el que más se aprende y que te devuelve la humildad”.

-Con cada iniciativa nueva nos sentimos como esos chicos que esperan ver cuántos concurrirán a su fiesta de cumpleaños. En el primer año del festival de Cine y Música no sabíamos si poner 100, 200, 800 sillas. Pusimos 800 y no dimos abasto. Lo mismo pasó en Bicicine en la Playa, ¿a quién se le va a ocurrir venir a esta idea tan loca?, y cuando levantamos la vista estaba todo lleno de bicicletas.

-Esto lo repito como un mantra: No hay que tratar prejuiciosamente al público. Yo le tengo muchísima fe a la gente, que tiene ganas de meterse en cosas complejas y para nada obvias, que quiere descubrir y seguir explorando. Es placentera y desafiante la adrenalina de estar perdido en el medio del laberinto, encontrarse con otros y hallar juntos la salida. En definitiva, formamos parte de la raza humana, compartimos la capacidad de conmovernos y la dimensión espiritual. Ese es el territorio al que invitamos a habitar.