Julieta Venegas despidió anoche la segunda edición con un concierto de más de una hora. Gratis

Como dijo la argentina Samanta Schweblin, “la literatura es el espacio para pensar, y pensarnos”. Eso ocurrió durante la II edición de Leer. Literatura En El río, en el Centro Municipal de Exposiciones de San Isidro, en Del Barco Centenera, al borde del río, donde la radicada en Berlín y doblemente nominada al premio Man Booker, el chileno Alberto Fuguet, nuestro Rodrigo Fresán y otros destacados escritores charlaron en torno de la idea del viajero.

A su vez, en el parque, un centenar de editoriales recibieron, vendieron y sugirieron a esa verdadera legión de personas, cerca de 10.000, que se acercó el fin de semana al predio costero, de 12 a 20, en busca de lecturas, escuchar y reflexionar junto a sus escritores preferidos.

“San Isidro es un lugar de resistencia y producción cultural, y nosotros trabajamos de abrir el fuego. Con Leer consolidamos a esta ciudad como lugar de encuentro de escritores con su público y editores, que trabajan en un contexto complejo, y vamos generando significados y comunidad desde una mirada del siglo XXI”, expresó anoche Eleonora Jaureguiberry, subsecretaria general de Cultura de San Isidro, responsable del evento, junto al editor y librero Fernando Pérez Morales, del sello Notanpuan.

Radicado hace 20 años en Barcelona, Fresán, en un diálogo con Jaureguiberry, realizó un maravilloso viaje por el siglo XIX y la gran novela americana, y fue de Moby Dick, Mujercitas y Retrato de una dama a nuestro Facundo y El Matadero hasta llegar a su Historia argentina. Dijo que ningún país es tal hasta que no genera una literatura propia y que “cada momento histórico requiere de una gran novela, porque a la ficción se le pide que ordene el caos de la no ficción”. Y agregó el autor de Jardines de Kensington, en un auditorio colmado: “La novela argentina es una literatura atomizada, fragmentada, reflejo de un país que se piensa y refunda todo el tiempo. En la novela argentina leemos lo que dejó esa explosión”.

La chilena Cynthia Rimsky, en mesa compartida con colegas extranjeros que viven en el país, habló del desvío, del perderse y agradeció el caos, el momento de mayor descubrimiento en sus viajes, y el venezolano Gabriel Payares definió a los viajes como sedimentos que luego, al regreso, se van convirtiendo en bloques ficcionales.

“A veces, son más las traducciones que el original y tantas las interpretaciones como lenguas y sociedades distintas que leen tu libro. Es el momento de dejar el ego de lado, porque ahí aparecen tus otras voces”, dijo Schweblin en la mesa sobre el viaje idiomático, la traducción y la escritura en dos idiomas. Una mesa que, en líneas generales, apoyó el lenguaje inclusivo, en la que Oscar Conde habló de Sócrates usando el vos y Platón en clave rioplatense, y en la que Silvia Ramírez Gelbes sostuvo que la lectura en papel se vincula con el placer y en la pantalla con la información.

Un público ávido por escuchar a los escritores (María Negroni, Valeria Iglesias, Talata Rodríguez, Marcial Gala y Anna Kazumi Stahl, entre muchos otros) y también por acercarse a las novedades y comprar. Hubo mantas y mates en el césped, niños sentados en colchonetas escuchando narraciones de abuelos, escribiendo cartas con estampilla y todo, participando de talleres de memes e historietas, de funciones de teatro Kamishibai y leyendo, claro. Y patio de comidas, infaltable.

“Me llamó la atención que haya tanta literatura sobre feminismo, súper interesante”, expresó Oscar Rodríguez, psicólogo y chileno, con su flamante compra, Piacenza, de Sabrina Álvarez. “Me puso Para Mery, con eso me basta”, dijo María Dorrego (28), que llegó con su novio en moto desde San Miguel para escuchar a Schweblin, en un auditorio en el que no cabía un alfiler, a la que no le pierde pisada y de la que se llevó firma fresca en Pájaros en la boca.

“La narrativa funcionó muy bien, no tanto los ensayos. Son momentos difíciles, editamos unos cinco, seis libros al año, pero acá estamos, acompañando y contentos por el crecimiento de la feria”, dijo Raquel Luco, encargada del stand de Mar Dulce.

Editores y escritores jugaron un partido de fútbol mixto sin darse un metro de ventaja, Vivi Tellas realizó una performance con cartas de los vecinos que terminó de cara al río y con no pocas emociones, y Julieta Venegas, cerca de las 19, empezó a cerrar la última página de Leer, una feria de acceso gratuito de la que Pérez Morales se siente orgulloso. “Es un ejemplo de construcción entre lo público y lo privado, y ojalá dure y siga así cien años más. Me llena de esperanza pensar que este país pueda hacer muchísimas más cosas como estas”, dijo el editor y librero.

El piano, la guitarra, el acordeón y la voz de la mexicana hicieron el resto. De Lento y Me voy, a una deliciosa canción con la letra de Sola, de Idea Villariño. Un cierre generoso en el que Venegas nos llevó de viaje por amores y migraciones, maletas y postales, y por noticias que llegan desde el mar… o desde el río.

 

San Isidro, 18 de marzo de 2019